Injerencia torticera (un buen ejemplo)
En un post anterior titulado Cuidado con no tropezar con la telaraña trataba el tema del conflicto que a menudo tienen que afrontar los medios de comunicación: divulgar la verdad o callarse para no perjudicar los intereses económicos de la empresa.
En ese post anterior podría haber utilizado el ejemplo que inspira esta entrada, el del dilema que se le presentó a la CBS a la hora de difundir la entrevista realizada a Jeffrey Wigand, antiguo vicepresidente de la tabacalera estadounidense Brown & Williamson, en la que se denunciaban los pocos escrúpulos de las empresas productoras del vicio legal.
La película de Michael Mann, El Dilema, recoge esta historia protagonizada por Al Pacino y Rusell Crowe, en la que el indiscutiblemente enorme Pacino encarna el papel del productor del programa 60 minutos, Lowell Bergman: la persona que hizo posible que viera la luz la historia de un hombre avergonzado de haber contribuido a la enfermedad y muerte de miles de americanos y que decidió subsanar su error difundiendo la cancerígena política de empresa de Brown & Williamson y las otras siete tabacaleras más importantes del país.
Y es que la historia muestra dos dilemas: el de un hombre arrepentido y amenazado para que no divulgue el objeto de su arrepentimiento, y el de un productor de televisión comprometido con la verdad pero con los pies atados con la soga de los abyectos intereses económicos de uno de los canales más importantes de Estados Unidos.
No queriendo restar importancia al primero de los dilemas que muestra el film, nos centraremos en el segundo. El programa 60 minutos de la CBS contaba en el momento de los hechos – y aun cuenta- con un prestigio fundamentado en la objetividad y el rigor con el que tratan los temas. Pero dicho rigor se tambaleó en el caso concreto de Jefrey Wigand. La tabacalera Brown & Williamson contrajo con Wigand un acuerdo de confidencialidad según el cual no podía difundir la información que había acumulado en la empresa mientras duró en su cargo como vicepresidente. Wigand, al entrar en contacto con Bergman y acceder a contar su historia, vulneró su acuerdo de confidencialidad, por lo que Brown & Williamson denunció a la CBS acusándola de injerencia torticera por intervenir contra los intereses de la tabacalera al influir en Wigand para que difundiese los datos que se recogían en dicho contrato.
Lo periodísticamente relevante de este caso son las acciones llevadas a cabo por la CBS, que censuró la entrevista motivada por intereses empresariales: Bergman tropezó con la telaraña. Pero no se limitó a quedarse en el suelo lamentándose. Lowell Bergman, comprometido con su labor periodística, proporcionó la historia al Wall Street Journal para forzar a la cadena en la que trabajaba a difundir el contenido íntegro de la entrevista. Y lo hizo porque la historia bien lo valía, porque era un tema que atentaba contra la salud de la sociedad.
Al final, aunque “los malos” sigan actuando con absoluta libertad, el compromiso de Jefrey Wigand y la tenacidad de Lowell Bergman han quedado y quedarán como buenos ejemplos.
